Monseñor Lorenzelli: “La Patria somos todos nosotros”
03 de Septiembre de 2026

“Chile no es solamente una bandera, una cordillera, un mar inmenso o una canción que aprendimos en el colegio. La patria somos nosotros. Son las personas que nos precedieron, las familias que construyeron sus hogares, quienes trabajaron la tierra, quienes educaron, quienes sirvieron, quienes cuidaron a otros y también aquellos que, por amor a Chile, entregaron incluso su propia vida”, dijo el obispo auxiliar de Santiago, en la MIsa con la cual la Red Educacional Santo Tomás de Aquino dio inicio al Mes de la Patria 2026..

 

A continuación el texto completo de la homilía de Monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago y presidente del Directorio de nuestra institución:

Queridos estudiantes, profesores, asistentes de la educación, familias, directivos y queridos hermanos y hermanas: ¡Qué bonito es encontrarnos para celebrar nuestra fe y, al mismo tiempo, celebrar a Chile! Estamos comenzando septiembre, el Mes de la Patria. Un mes de cueca, de tonadas, de banderas, de encuentros familiares, de empanadas, de juegos, de tradiciones y de tantas cosas que nos hacen decir con orgullo: “¡Esta es nuestra tierra, este es nuestro Chile!”. Pero hoy queremos ir un poco más profundo.

Porque la patria no es solamente un territorio. Chile no es solamente una bandera, una cordillera, un mar inmenso o una canción que aprendimos en el colegio. La patria somos nosotros. Son las personas que nos precedieron, las familias que construyeron sus hogares, quienes trabajaron la tierra, quienes educaron, quienes sirvieron, quienes cuidaron a otros y también aquellos que, por amor a Chile, entregaron incluso su propia vida.

Por eso, en esta celebración queremos recordar con gratitud y respeto a tantos hombres y mujeres que dieron su vida por nuestra patria. Y queremos pedirle al Señor que sus sacrificios nunca sean olvidados y que nosotros sepamos construir un Chile donde la vida, la dignidad, la justicia, la fraternidad y la paz sean siempre defendidas.

San Pablo, en la primera lectura, utiliza una imagen preciosa: “Yo planté, Apolo regó, pero Dios hizo crecer”. ¡Qué importante es este mensaje para nosotros! Porque muchas veces queremos ver inmediatamente los resultados. Queremos que todo nos salga bien ahora: sacar buenas notas ahora, conseguir resultados ahora, que nuestros proyectos resulten ahora, que nuestras relaciones funcionen ahora. Pero la vida no funciona así. Un profesor siembra. Una mamá o un papá siembra. Un abuelo siembra. Un estudiante siembra cuando se esfuerza. Un amigo siembra cuando acompaña a otro que está pasando por un mal momento. Y muchas veces no vemos inmediatamente lo que hemos sembrado. Quizás un profesor no sabe cuánto cambió la vida de un estudiante con una palabra de ánimo. Quizás un padre no sabe cuánto marcó a su hijo simplemente estando presente. Quizás un compañero no imagina cuánto ayudó a otro cuando decidió sentarse a su lado en un día difícil. Nosotros sembramos. Dios hace crecer. Y aquí hay una tarea preciosa para todos ustedes, especialmente para nuestros jóvenes: ¿qué están sembrando en la vida de los demás? Porque también se puede sembrar tristeza, burlas, indiferencia, violencia, discriminación, odio. Pero podemos sembrar otra cosa: Podemos sembrar respeto. Podemos sembrar amistad. Podemos sembrar esperanza. Podemos sembrar alegría. Podemos sembrar solidaridad. Y quizás alguien que hoy está sentado junto a nosotros necesita precisamente una buena palabra, una mano tendida, alguien que le diga: “Cuenta conmigo”. Eso también es construir patria.

San Pablo nos dice que somos “campo de Dios y edificio de Dios”. Qué hermosa imagen para una comunidad educativa. Nuestros colegios son como un gran campo. Cada persona que forma parte de ellos deja una semilla. Por eso, una pregunta importante para este septiembre podría ser: ¿Qué Chile estamos construyendo desde nuestros colegios? Porque el Chile del futuro no se construye solamente en La Moneda, en el Congreso, en las empresas o en las grandes instituciones. El Chile del futuro se está construyendo hoy en nuestras salas de clases. Se construye cuando un estudiante decide no burlarse del compañero. Cuando alguien incluye al que está solo. Cuando un curso aprende a resolver sus diferencias dialogando. Cuando un profesor no renuncia a creer en un estudiante que está pasando por dificultades. Cuando alguien reconoce un error y tiene la humildad de pedir perdón. Ahí se está construyendo Chile. Y quizás alguno pueda pensar: “Pero yo soy solamente un estudiante, ¿qué puedo hacer?” Muchísimo. La historia nos demuestra que grandes cambios comenzaron con personas que simplemente hicieron bien aquello que tenían delante. Una persona que decide hacer el bien puede cambiar una familia. Una familia puede cambiar un barrio. Un barrio puede cambiar una comunidad. Nunca pensemos que nuestras acciones son pequeñas cuando están hechas con amor.

En el Evangelio encontramos a Jesús entrando en la casa de Simón Pedro. Y allí se encuentra con una realidad muy humana: la suegra de Pedro está enferma. Jesús se acerca. No pasa de largo. No mira desde lejos. Se acerca, toma su mano y la ayuda. Y después comienza a atender a muchas personas. Este es un detalle fundamental del Evangelio: Jesús no es indiferente al sufrimiento de las personas. Jesús ve al que sufre. Jesús escucha. Jesús se acerca. Jesús toca. Jesús sana. Y luego, cuando todavía hay mucha gente que lo busca, Jesús se retira a un lugar solitario para orar. Aquí encontramos dos claves para nuestra vida: servir y rezar. No podemos construir una sociedad verdaderamente humana si solamente pensamos en nosotros mismos. Pero tampoco podemos sostener durante mucho tiempo el servicio si no tenemos un corazón alimentado por Dios. Por eso necesitamos ambas cosas: manos dispuestas a servir y un corazón dispuesto a rezar.

En septiembre celebramos nuestra patria. Y esta Misa a la Chilena nos recuerda algo muy hermoso: nuestra historia no se entiende sin la fe. Desde las primeras expresiones de devoción a la Virgen del Carmen, Patrona de Chile, hasta las múltiples manifestaciones de religiosidad popular que encontramos a lo largo de nuestro país, la fe ha acompañado la vida de nuestro pueblo. La Misa a la Chilena es una expresión de esa historia. Aquí aparecen la música, la poesía, la tonada, nuestras tradiciones y nuestra manera de celebrar. Y no tiene que ser algo que nos divida. Al contrario: puede ser un abrazo que une. Porque hay algo profundamente humano en nuestras tradiciones. Incluso quien no comparte nuestra fe puede reconocer la belleza de una comunidad que canta, que recuerda, que agradece y que espera.

En tiempos en que tantas cosas parecen desechables y en que a veces olvidamos de dónde venimos, nuestras tradiciones nos dicen: “No olvides tus raíces”. Porque un pueblo sin memoria corre el riesgo de perder también su identidad. Por eso es tan hermoso que en septiembre podamos cantar, bailar cueca, encontrarnos, compartir y también rezar. Porque Chile es más que consumo. Chile es más que espectáculo. Chile es memoria. Chile es comunidad. Chile es una historia compartida. Y Chile también es esperanza.

Y en este camino queremos mirar a María, nuestra Madre y Patrona de Chile. La Virgen del Carmen ha acompañado a nuestro pueblo en momentos de alegría y también en momentos de dolor. Qué bonito sería que en este Mes de la Patria pudiéramos pedirle: “Virgen del Carmen, ayúdanos a cuidar Chile”. A cuidar Chile significa cuidar al que piensa distinto. Significa cuidar a nuestros niños y jóvenes. Significa cuidar a los adultos mayores. Significa cuidar nuestras familias. Significa cuidar nuestra casa común. Significa defender la dignidad de cada persona. Significa aprender a conversar cuando pensamos diferente. Significa rechazar la violencia como camino para resolver nuestros problemas. Y significa, especialmente, no perder la esperanza de que podemos vivir como hermanos.

En esta celebración queremos también hacer memoria de quienes han entregado su vida por nuestra patria. No queremos que sus nombres, sus historias y sus sacrificios se conviertan simplemente en una fecha del calendario. Recordarlos significa preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo nosotros con la patria que recibimos? Ellos dieron algo de sí mismos. ¿Qué estamos dispuestos a dar nosotros? Quizás no se nos pide algo extraordinario. Quizás se nos pide estudiar con responsabilidad. Ser buenos compañeros. Cuidar a quien está solo. Servir a los demás. Cumplir con nuestro deber. Ser honestos. No aprovecharse del más débil. Perdonar. Trabajar por la paz. Porque amar a Chile no consiste solamente en decir “¡Viva Chile!” Amar a Chile consiste también en preguntarnos: “¿Qué puedo hacer yo para que Chile viva mejor?”

Queridos jóvenes: Algún día ustedes tendrán que tomar muchas decisiones que influirán en el Chile del futuro. Serán profesionales, trabajadores, padres y madres de familia, dirigentes, profesores, servidores públicos, emprendedores, artistas, científicos, agricultores, técnicos, sacerdotes, religiosas y tantas otras cosas. Y quizás no recuerden todas las materias que estudiaron en el colegio. Pero ojalá recuerden algo más importante: que cada persona vale. Que nadie sobra. Que servir es más grande que aprovecharse de los demás. Que la verdad importa. Que la solidaridad transforma. Que el perdón es más fuerte que el rencor. Que la fe puede sostenernos cuando llegan los momentos difíciles. Y que nunca debemos dejar de soñar con un Chile mejor. Porque ustedes son parte de esa historia. Ustedes son las semillas del Chile que viene.

Y si aprendemos de Jesús a acercarnos al que sufre, a servir, a escuchar, a orar y a construir comunidad, entonces podremos aportar nuestro granito de arena para hacer de Chile una patria más fraterna. Quizás hoy, mientras escuchemos una tonada, una cueca o un canto de esta Misa a la Chilena, podamos hacer una oración sencilla: Señor, gracias por Chile. Gracias por nuestra tierra. Gracias por nuestros campos y nuestras ciudades. Gracias por nuestras familias. Gracias por nuestros profesores y estudiantes. Gracias por quienes nos precedieron. Gracias por quienes dieron su vida por nuestra patria. Y ayúdanos a nosotros a entregar también nuestra vida, no necesariamente con grandes gestos, sino en las pequeñas cosas de cada día. Y que la Virgen del Carmen, Madre y Patrona de Chile, nos acompañe siempre.

Que este septiembre no sea solamente un mes para celebrar que somos chilenos. Que sea un mes para preguntarnos qué significa ser buenos chilenos. Y quizás la respuesta sea muy sencilla: Ser capaces de mirar al otro y decir: “Tú también eres parte de mi patria. Tú también eres mi hermano. Tú también eres mi hermana”. Entonces sí podremos decir que estamos construyendo el Chile que soñamos. Un Chile donde la fe y la esperanza tengan un lugar. Un Chile donde nadie quede atrás. Un Chile donde podamos encontrarnos y no destruirnos. Un Chile donde la paz no sea solamente un deseo, sino una tarea de todos. Y que bajo este mismo cielo azul, con nuestra música, nuestras tradiciones, nuestra memoria y nuestra fe, podamos seguir soñando juntos. ¡Viva Chile! Pero, sobre todo:¡Viva Chile en cada persona que trabaja por el bien, por la paz y por la dignidad de los demás,

 

Fuente: Área de Comunicaciones Red Educacional Santo Tomás de Aquino

RED EDUCACIONAL
SANTO TOMÁS DE AQUINO
Dirección: Huérfanos 1976 - Santiago, Chile
Teléfonos: (56-2) 2698 0562 - (56-2) 2698 5014
contacto@tomasdeaquino.cl